Bueno, empezare por el principio, el año pasado realicé las prácticas en el colegio público Nuestra Señora de Guadalupe, el “cole” donde yo estudié. El primer día, antes de entrar, tenía una mezcla de nerviosismo e impaciencia que recorría mi cuerpo, hasta que sonó el timbre y todo comenzó. Desde el primer momento me sentí integrada por todos los compañeros del centro, pero especialmente con mi tutora, Rosa, quien puso a mi disposición todo el material necesario, además de explicarme cuál era el ritmo y el funcionamiento de la clase. Al día siguiente me propuso dar una clase, a lo que accedí encantada, y desde entonces estuve llevando las clases hasta finalizar mi periodo de prácticas. Además, asistía al resto de clases, educación física, música,… Era su “maestra” en casi todos los aspectos. Les impartía las clases, castigaba, mandaba los deberes, hacía exámenes,…. Cada día ellos eran “mis niños” y yo “su profe”. Aprendí mucho de esos “granujillas”, es una sensación muy grata el que aun hoy, después de tanto tiempo, los niños te vean por la calle y corran hacia ti gritando ¡maestra!
Este año las practicas las haré aquí, en el colegio Guadiana, este nuevo periodo será diferente, ya que no es el “cole”, ni los maestros de “siempre”. Lo cual fue un gran apoyo en mi primer contacto con la enseñanza, porque indirectamente es un factor que hace que nos sintamos más seguros. Aunque espero que esto no sea ningún problema, confío en la profesionalidad de mis futuros compañeros.
En resumen, la experiencia del año pasado fue tan enriquecedora que es bonito pensar que este año se repetirá nuevamente.


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