Tras este periodo de prácticas he aprendido mucho, no solo de mi tutor, sino de todos los compañeros y sobretodo de los niños.
Cada día, me han demostrado que la enseñanza no siempre puede ser impartida de una misma manera, sino que cada clase es diferente debido a mil motivos, desde la madurez de los propios niños, hasta el desarrollo motor de cada uno de ellos. Por esto debemos saber adaptarnos, y adaptar nuestras clases para conseguir unos mismos objetivos en clases de un mismo ciclo.
Por otro lado, la motivación del alumnado me parece un factor fundamental, porque les resulta mucho más sencillo aprender haciendo algo que les gusta. Consiguiendo así un mejor rendimiento.
Estos dos puntos son los que más destaco de estas prácticas, con respecto al primero, creo que para poder enseñar tenemos que adaptarnos (no solo por la manera de impartir las clases, sino por muchos otros factores que influyen a la hora de dar una clase de educación física, como pueden ser la disponibilidad de material, de tiempo, climatología,… aunque he de decir, que nuestro gimnasio está bastante bien equipado, pero no en todos los colegios se da esta situación) y en segundo lugar y no por eso menos importante, crear esa intención de aprender, generándola mediante una buena motivación. Para que nosotros podamos enseñar, necesitamos que ellos quieran aprender.
Por último, quiero comentar que los “miedos” que tenía antes de comenzar se disiparon el primer día, gracias al compañerismo de todos los miembros del colegio y a la confianza depositada en mi por Antonio (mi tutor), quien desde el primer momento me hizo sentir como en casa, lo cual agradezco enormemente.
Me marcho con pena, porque a pesar de haber sido solo un mes, éste ha estado cargado de muy buenos momentos, impregnados del cariño de los niños, el abrigo de los compañeros y de ilusión, los voy a echar de menos. Pero a la vez, me voy contenta por todo lo que he aprendido y por la manera en que lo he hecho.











